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Hipertensión

Hipertensión arterial: qué es, cómo se produce, cómo se diagnostica y por qué es importante tratarla

La hipertensión arterial (HTA) es una enfermedad crónica en la que la presión con la que la sangre circula por las arterias se mantiene elevada de forma persistente. No debe confundirse con la hipertensión arterial pulmonar, que afecta a la circulación de los pulmones y al corazón derecho, y tiene criterios diagnósticos y tratamiento diferentes (1). En cambio, cuando hablamos de HTA en consulta general, nos referimos habitualmente a la hipertensión arterial sistémica, que aumenta el riesgo de infarto, ictus, insuficiencia cardiaca, enfermedad renal y daño ocular (2,3).
prevención lesiones oculares 2
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¿Qué es exactamente la presión arterial?

La presión arterial tiene dos cifras. La primera es la presión sistólica, que corresponde a la fuerza con la que el corazón impulsa la sangre. La segunda es la presión diastólica, que refleja la presión en las arterias cuando el corazón se relaja entre latidos (2). La hipertensión no suele producir síntomas al inicio, por eso se conoce como una enfermedad “silenciosa”. Muchas personas se encuentran bien y, aun así, acumulan daño en vasos sanguíneos, corazón, cerebro, riñones y retina (2,3).

¿Cómo se produce la hipertensión arterial?

La HTA suele aparecer por la combinación de varios mecanismos. En muchos pacientes no existe una única causa, sino una suma de factores: predisposición genética, envejecimiento vascular, exceso de peso, consumo elevado de sal, sedentarismo, estrés, alcohol, mal descanso y algunas enfermedades asociadas como diabetes, enfermedad renal crónica o apnea del sueño (2,3). Desde el punto de vista médico, la presión arterial sube cuando aumenta la resistencia de las arterias o cuando el organismo retiene más sodio y agua de lo normal. También influyen alteraciones hormonales y del sistema nervioso simpático, que favorecen la vasoconstricción y hacen que el corazón y los vasos trabajen a mayor presión (2,3). En la hipertensión mantenida, las arterias se vuelven más rígidas y menos elásticas, lo que perpetúa el problema y favorece el daño de órganos diana (2).

¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico depende de una medición correcta de la presión arterial. Los artículos remarcan que una mala técnica puede llevar a errores y sobrediagnósticos, por lo que el paciente debe estar sentado, con la espalda apoyada, los pies en el suelo, sin cruzar las piernas, tras al menos 5 minutos de reposo; además, el manguito debe tener un tamaño adecuado y colocarse a la altura del corazón (2,3). En la mayoría de las guías revisadas internacionalmente, la hipertensión arterial sistémica se define en consulta como una presión arterial de 140/90 mmHg o superior (2). Además, las mediciones fuera de consulta son muy importantes, porque permiten detectar hipertensión de bata blanca o hipertensión enmascarada. En monitorización domiciliaria o ambulatoria, cifras elevadas fuera del entorno clínico también apoyan el diagnóstico y ayudan a ajustar mejor el tratamiento (2,3).

Los valores:

  • Normal: por debajo de 120/80 mmHg
  • Normal-alta / elevada: entre valores aún no diagnósticos pero que ya obligan a vigilar hábitos y seguimiento
  • Hipertensión: de forma sostenida, ≥140/90 mmHg en consulta en la mayoría de guías europeas e internacionales (2)

El diagnóstico no debe basarse en una sola toma aislada, salvo cifras muy altas o contexto clínico urgente. Lo correcto es confirmar con varias mediciones en distintas ocasiones y, cuando sea posible, con automedida domiciliaria o monitorización ambulatoria de 24 horas (2,3).

Tratamiento

El tratamiento tiene dos pilares: cambios en el estilo de vida y fármacos antihipertensivos (2). Hoy en día se insiste en simplificar el tratamiento farmacológico. Muchos pacientes necesitan más de un medicamento para alcanzar objetivos, y por eso se recomienda con frecuencia empezar con combinaciones en un solo comprimido, porque mejoran la adherencia y permiten controlar antes la presión arterial (2). Entre los grupos de fármacos más utilizados están:

  • Inhibidores del sistema renina-angiotensina (IECA o ARA-II).
  • Calcioantagonistas.
  • Diuréticos.
  • Según el caso, betabloqueantes u otros fármacos (2).

Los objetivos de presión arterial deben individualizarse, pero el artículo de revisión señala que existe concordancia en intentar alcanzar cifras de consulta aproximadamente entre 120 y 140 mmHg de sistólica y entre 70 y 80 mmHg de diastólica, adaptándolo a la edad, comorbilidades, fragilidad y tolerancia del paciente (2).

¿Cómo se produce?

El daño ocurre de forma progresiva y en fases:

1. Fase inicial: vasoconstricción

Cuando la presión arterial aumenta, los vasos de la retina responden contrayéndose (vasoespasmo) para protegerse.

Esto provoca:

  • estrechamiento de las arterias
  • disminución del flujo sanguíneo

Este es el primer cambio y puede aparecer incluso en fases tempranas de la hipertensión (4,5).

2. Fase de arteriosclerosis

Si la hipertensión se mantiene en el tiempo:

  • las paredes de los vasos se engrosan
  • se vuelven rígidas
  • se altera su estructura

Esto produce signos típicos como:

  • “cruces arteriovenosos” (nicking)
  • aspecto en “hilo de cobre o plata”

Estos cambios indican daño crónico y prolongado (4,5).

3. Fase avanzada (exudativa)

En casos de hipertensión severa o mal controlada:

  • se rompe la barrera sangre-retina
  • los vasos dejan escapar sangre y líquido

Aparecen:

  • hemorragias
  • exudados (depósitos de grasa)
  • manchas algodonosas (por falta de oxígeno) (5)

4. Fase maligna (grave)

En situaciones extremas:

  • se produce edema del nervio óptico (papiledema)
  • puede haber aumento de la presión intracraneal

Esta fase se asocia a riesgo alto de pérdida visual y complicaciones sistémicas graves (5).

Hipertensión resistente

Un punto importante es la hipertensión arterial resistente, que se define como presión arterial fuera de objetivo a pesar del uso simultáneo de tres o más fármacos antihipertensivos de diferentes clases, habitualmente incluyendo un calcioantagonista de acción prolongada, un bloqueador del sistema renina-angiotensina y un diurético tiazídico, todos a dosis máximas o máximas toleradas (3).

Antes de diagnosticarla hay que descartar causas de falsa resistencia, sobre todo:
  • Mala técnica de medición.
  • “Efecto bata blanca”, y falta de adherencia al tratamiento (3).

Prevención

La HTA se puede prevenir o retrasar en muchos casos. Las medidas más eficaces son mantener un peso saludable, realizar ejercicio con regularidad, dormir bien, reducir el consumo de sal, moderar el alcohol y no fumar (2,3). Estas medidas no sustituyen siempre al tratamiento farmacológico, pero sí lo potencian y reducen el riesgo cardiovascular global.

Alimentación

La alimentación es parte central del tratamiento. La evidencia recogida en la revisión sobre hipertensión resistente y en las guías de manejo insiste en que el exceso de sodio eleva la presión arterial y que una restricción de sal puede bajarla de forma significativa, especialmente en pacientes con HTA resistente o sensible a la sal (2,3).

El patrón de dieta más recomendado es similar a la DASH, basada en:
  • Verduras y frutas
  • Legumbres
  • Cereales integrales
  • Lácteos bajos en grasa
  • Reducción de ultraprocesados
  • Menos sal
  • Control del peso (3).
También conviene limitar embutidos, conservas saladas, snacks, comidas preparadas y salsas comerciales, porque concentran gran parte del sodio “oculto”. En muchos pacientes, bajar la sal tiene un efecto clínico real sobre las cifras tensionales (3).

Consecuencias: cómo afecta a los ojos

La hipertensión puede dañar la retina, que es la capa del ojo encargada de transformar la luz en señales visuales. Este daño se conoce como retinopatía hipertensiva. Se produce porque la presión alta mantenida lesiona las pequeñas arterias y arteriolas de la retina, que se estrechan, se vuelven más rígidas y, en casos más avanzados, pueden dejar escapar líquido o sangre (2). En fases iniciales, muchas veces no hay síntomas.

  • Visión borrosa
  • Disminución de agudeza visual
  • Hemorragias retinianas
  • Edema
  • Cuadros severos, compromiso del nervio óptico.

¿Cuánto tiempo tarda en aparecer?

La retinopatía hipertensiva puede desarrollarse de dos formas:

  • Forma crónica (la más frecuente): aparece tras años de hipertensión no controlada
  • Forma aguda (menos frecuente): puede aparecer rápidamente en casos de hipertensión severa o crisis hipertensiva (5)

Los estudios muestran que:

  • Cuanto más tiempo y más elevada esté la presión arterial, mayor es el riesgo
  • La duración de la hipertensión aumenta significativamente la probabilidad de daño retinal (5).

A diferencia de la diabetes, aquí no hay un tiempo fijo (como “10 años”), sino que depende mucho del control de la presión.

¿Qué pasa en el ojo?

El daño vascular produce:

  • Disminución del flujo sanguíneo
  • Falta de oxígeno en la retina (isquemia)
  • Inflamación y estrés oxidativo
  • Daño del endotelio (pared de los vasos) (4,5)

Con el tiempo:

  • Los vasos pueden cerrarse
  • La retina recibe menos sangre
  • Se producen lesiones visibles en el fondo de ojo

Consecuencias visuales

En fases iniciales:

  • no hay síntomas

En fases avanzadas:

  • Visión borrosa
  • Pérdida de agudeza visual
  • Alteración de la visión central

En casos graves:

  • Daño del nervio óptico
  • Hemorragias extensas
  • Pérdida visual permanente o ceguera (4,5)

Además, la retinopatía hipertensiva no solo afecta la visión: es un marcador de mayor riesgo de:

  • Ictus
  • Infarto
  • Enfermedad renal
  • Demencia (5)

Prevención

La clave es el control de la presión arterial:

  • Mantener cifras adecuadas de tensión
  • Controles médicos periódicos
  • Evitar abandono del tratamiento
  • Reducir factores de riesgo (sal, obesidad, sedentarismo)

Un buen control puede detener o incluso revertir fases iniciales de la enfermedad (4).

Tratamiento

El tratamiento principal no es ocular, sino sistémico:

1. Control de la presión arterial

  • Fármacos antihipertensivos (IECA, ARA II, etc.)
  • Reducción progresiva de la presión

Se ha demostrado que bajar la presión:

  • Mejora la estructura de los vasos
  • Reduce la progresión del daño (4)

2. Tratamiento de complicaciones

El tratamiento se basa en el control estricto de la presión arterial, que puede:

  • Revertir lesiones iniciales
  • Reducir hemorragias y edema
  • Evitar progresión (4)

En casos avanzados:

  • Papiledema: urgencia médica → requiere bajar la presión rápidamente (5)
  • Hemorragias y exudados: suelen mejorar al controlar la HTA
  • Daño isquémico: puede causar pérdida visual irreversible (4)

A diferencia de la retinopatía diabética, no suele requerir láser ni inyecciones intraoculares.

Seguimiento

  • Fondo de ojo → evalúa lesiones
  • OCT → detecta edema y daño estructural y permite seguimiento (4)

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